"Nací felino y soy muy terco en mi camino. Soy un gato y al que no le guste que no mire más, que hay ciertas cosas que yo no puedo cambiar. Y al que no le guste mi color, mi forma de maullar, hay mil rincones donde se puede mirar. Soy un gato, tuve suerte, de no ser un ser humano de esos que sólo hacen daño".

lunes, 30 de noviembre de 2015

Otro Gato Negro: 11


[…]Me incliné y lo cogí, lo guardé y sentada aguardé.

Aguardé sentada, echada, en cuclillas, de rodillas, boca abajo, boca arriba durante un tiempo.
Dormía en los días y despertaba en las noches.
Amabas las noches, regresarías una noche, cuando la oscuridad te vistiera y las tinieblas te escondieran.

A lo lejos escuchaba maullidos pero temía perderme en el sombrío.
Cuando decidí levantarme sentí que te frotaste en mis piernas, rápidamente bajé la mirada, me incliné, me viste, te hablé, bufaste y volviste a irte.
Eres un gato, con quien las conversaciones quedaron en el olvido.
Eres un gato, con quien los sentimientos se perdieron.
Eres un gato, con quien la sinceridad sólo quedo en anhelo.
Eres un gato, con quien el egoísmo prevaleció.
Eres un gato, con quien el cariño fue efímero.
Eres un gato, que dilató la despedida.
Eres un gato ¿Qué esperaba de un gato? Sé muy bien que los gatos con el pasar de los años, se van, se les bifurca la cola y tienen poderes sobrenaturales.

Tras pensar en alto y hablar conmigo, sentí una gota caer en mi rostro.
Seguía oscuro el panorama, aún la luna en mi cabeza y el viento más fuerte me empujaba a caminar en su contra.
Guardé mis manos en los bolsillos y noté el colgante de corazón que habías dejado, que había encontrado.

“He decidido seguir caminando para mi, con un corazón colgado en mi cuello” – me dije-.


viernes, 27 de noviembre de 2015

Otro Gato Negro


Al anochecer salí corriendo tras de él, la lluvia ya había cesado pero los charcos estaban formados. Te vi saltar de charco en charco en zigzag y yo hice lo mismo, te seguí por tu largo camino.
Apenas y veía tu silueta, apenas y podía notar tus puntiagudas orejas y tu retorcida cola.
Apenas y podía distinguirte en la oscuridad pero tu destellante colgante con dije de corazón me guio por un tiempo.
Volteabas a mirarme, yo estaba detrás no te quería perder de vista.
Volteé a mirarme, yo estaba cansada y totalmente empapada.
Decidí detenerme, tomar un respiro y secarme el rostro. Te detuviste, me bufaste y te fuiste.
Tal abrupta huida emprendiste que el colgante se zafó de tu delgado cuello.
Ya no podía verte, te perdiste en la oscuridad con rapidez. “¡yo no quería detenerme, tienes que entender!” – Le grité- “sólo quería descansar” – susurré-.

La luna en mi cabeza, mi ropa en barro y mi rostro mojado.
Me quedé quieta, pasmada, atontada. “Después de seguirte por tu largo camino, no tenías porqué irte”.
Seguí caminando ya no en zigzag ya no en los charcos, sólo al compás de mi ritmo alternando con giros y a veces con brincos.
A lo lejos divisé un destello, corrí hacía a esa luz, creí que era el reflejo de la luna.
Me incliné y lo cogí, lo guardé y sentada aguardé.


domingo, 22 de noviembre de 2015

"No"

Quiero que fluyas, que nada te perturbe, que continúes.

A veces te siento poderosa, lo suficientemente sólida al brindar una sonrisa. A veces te siento tan decidida y tan terca a caer nuevamente en lo conocido; pero luego sin darte cuenta estás pendiente y ansiosa, nerviosa y meditabunda.


Un “no lo sé” carcome tu cerebro ¿Es tan difícil decir “no”? Hace poco escuché en una obra: “si ensucias, limpia; si lavas, seca; si no me quieres no me digas que me quieres y si me quieres dímelo”. ¿Es tan difícil decir “no”?